Las moléculas antisentido generalmente son pequeños segmentos de ADN o ARN
diseñados para unirse a un gen problemático o a un mensajero genético tal como
la cadena de ARNm de un gen viral o de un oncogen. Lo que se intenta conseguir
con la terapia antisentido es evitar la expresión del gen o del ARNm en proteína.
De manera análoga a los antibióticos, que combaten bacterias patógenas uniéndose
específicamente a ellas, estos compuestos farmacéuticos interaccionarían con
el material genético que está en la base de muchas enfermedades humanas. Estos
nuevos fármacos se llaman bloqueadores de nucleótidos o moléculas antisentido.
Las dos estrategias antisentido más empleadas son:
- La adición de una tercera cadena de nucleótidos a un
segmento específico de ADN formando una triple hélice.
- La adición de una cadena de nucleótidos que se une a
un ARNm diana formando una doble hélice.
- Diseño de ribozimas específicas.

Tanto la triple hélice de ADN como la doble cadena de ARNm que se forman por
la adición de los nucleótidos antisentido son inactivas, de manera que se evita
que la información genética no deseada pueda ser transmitida a nuevas células.
La tercera estrategia antisentido reseñada implica la administración de ribozimas
diseñados por el hombre, que son moléculas capaces no sólo de unirse a un ARNm
determinado inactivándolo, sino que además se encargan de su eliminación.
La estrategia para introducir el segmento de ADN o ARN antisentido en las células
es uno de los puntos que todavía debe desarrollarse para poder aplicar la terapia
antisentido para tratar enfermedades humanas. Tanto los virus como los liposomas
se están probando para aumentar la eficiencia de transporte del segmento antisentido
al interior de las células. Otros objetivos destinados a aumentar la utilidad
clínica de los bloqueadores de nucleótidos incluyen el aumento de la estabilidad
in vivo (por ejemplo, hacer los segmentos antisentido más resistentes
a las nucleasas presentes en la sangre y células), mejorar la especificidad
de la unión con el ADN o el ARNm que se quiere inactivar y evitar que sean reconocidos
y eliminados por el sistema inmune. El conocimiento cada vez más amplio de la
secuencia concreta de genes que están detrás de enfermedades, hace que el listado
de enfermedades potencialmente curables con las moléculas antisentido se vaya
expandiendo. Por otra parte, la elevada especificidad de la tecnología antisentido
hace que esta estrategia se considere cada vez más atractiva para el diseño
de nuevos fármacos. Algunas de las enfermedades contra las que se está desarrollando
la terapia antisentido son el cáncer (mediante el bloqueo de oncogenes), infecciones
producidas por virus (ej. SIDA) y alteraciones inflamatorias (ej. artritis reumatoide).

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